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Lo haremos utilizando imágenes de disco cifradas, las cuales presentan algunas ventajas sobre el resto de métodos, aunque también algunas desventajas. Existen otras soluciones que utilizan software de terceros, pero esta se puede usar con las utilidades que vienen por defecto en Mac OS X, por lo que no dependemos de otros.

Para empezar, debemos abrir la Utilidad de discos y crear una nueva imagen, lo cual haremos desde el menú Archivo » Nueva » Imagen de disco vacía. En la pantalla que nos aparece le asignaremos un nombre al fichero y una etiqueta de volumen, además de indicar el cifrado a utilizar.

En la opción Encriptar podemos seleccionar cifrado AES de 128 bits o de 256 bits. El primero de ellos ofrece seguridad más que suficiente para cualquier de nosotros, pero si queremos asegurarnos que sea imposible obtener la información podemos optar por la segunda opción, aunque resultará algo más lento trabajar con las imágenes resultantes.

También deberemos indicar el tamaño que tendrá la imagen, dependiendo de nuestras necesidades y selecionaremos la opción de disco dinámico, que tendrá la ventaja de crecer junto con la información que vayamos agregando; es decir, no ocupará más espacio que el que ocupa nuestra información pero tendrá como límite el valor que hayamos definido en la casilla “tamaño”.

Una vez hecho esto seleccionamos crear la imagen y nos preguntará la contraseña a utilizar. Aquí debemos optar por una contraseña segura, suficientemente larga y complicada para que no sea posible adivinarla, pero que podamos recordar. El propio sistema nos indicará la seguridad ofrecida por la contraseña escogida.

Sobretodo es muy importante no seleccionar la opción de Guardar contraseña en mi llavero (keychain). En caso contrario no servirá de nada que tengamos los datos cifrados pues será posible acceder a ella sin necesidad de conocer la contraseña.

Ya tenemos nuestra imagen de disco creada. Cuando queramos utilizarla solo debemos abrirla para montarla, momento en el que el sistema nos pedirá la contraseña con la que la creamos y la montará como si fuera un disco más. Esta es una de las principales ventajas de este método: podemos usarlo de forma transparente.

El disco cifrado se comporta exactamente igual que un disco externo adicional. En cuanto lo desmontemos el contenido ya no está accesible a no ser que se conozca la contraseña, pero mientras está montado podemos trabajar con él como con cualquier otro disco.